Hace un par de años, al finalizar uno de los retiros de silencio a los que asistí, una compañera afirmó que «una nunca sale de un retiro de la misma manera que entra, porque meditar en grupo, es algo transformador».

Y en esto estoy muy de acuerdo con ella. Por una parte, porque los retiros son contextos introspectivos en los que nos quedamos a solas con nuestra mente, con todo lo que ello conlleva. Por otro lado, y más relacionado con el motivo de este post, meditar en grupo, aun permaneciendo todos en silencio, es una experiencia de lo que Kristin Neff llama humanidad compartida.

Así, en el caso de un retiro de silencio, aunque todos permanecemos sin decir una palabra -y a veces, sin siquiera poder mirarnos a los ojos para no entorpecer el proceso interno que atraviesa cada uno-, compartimos el hecho de que todos atravesamos desafíos similares y todos estamos realizando la misma acción en ese momento y espacio concretos.

Lo cierto es que pasar varios días meditando en silencio, siendo tu voz interna la única que escuchas, puede llegar a ser, en ocasiones, una situación muy dura.

En esos momentos, nuestros fantasmas del pasado, del presente y el futuro, pueden aparecer en escena, dando lugar a vivencias difíciles que, si bien son dolorosas, psicológicamente nos ayudan a comprender y crecer, porque nos exponemos a aquello que generalmente solemos evitar y porque de la manera en la que funciona la memoria, siempre que traemos a la mente un recuerdo, éste se transforma, adquiriendo nuevas propiedades que, en el contexto seguro de la meditación, serán positivas si las enfocamos desde una actitud mindful.

Es en esa situación de dolor cuando la compañía de los demás, de otros seres humanos que atraviesan procesos y dificultades similares a los nuestros, adquiere importancia y aporta un extra de valor para hacer frente a aquello que acontezca en nuestro campo de consciencia.

Tengamos en cuenta que meditar es una actividad que posee propiedades similares a cualquier otra que se realice en compañía de un grupo. Esto es así porque existe un proceso psicológico denominado facilitación social que da lugar a que, cuando las personas realizan una actividad conjunta (de manera no competitiva), su motivación, perseverancia, etc. aumentan significativamente.

Los grupos de mindfulness son capaces de enriquecer y potenciar la práctica no solo en un retiro.

En palabras de Vicente Simón (2011), en un grupo «todos los meditadores tienen la experiencia de que cuando meditan en grupo, la meditación es diferente, más profunda y más intensa.

El grupo proporciona, además, apoyo y aliento en los momentos de desánimo y nos acompañan en la soledad. También facilita el intercambio de experiencias entre los miembros del grupo, que pueden así aprender unos de otros».

Próximamente en Alcalá de Guadaíra Grupo de Práctica de Mindfulness

Grupos Práctica Mindfulness Alcalá de Guadaíra

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