La profesión de futbolista tiene grandes ventajas. Haces lo que te gusta, dinero, fama… Pero en algunos casos todo eso se vuelve en contra y ya no es la profesión soñada que a muchos aficionados les encantaría tener. Vivir en una burbuja provoca que en ocasiones los aficionados, los propios medios de comunicación y la sociedad se olviden de que los jugadores también son personas que, aunque parece que viven en una perfección, esconden exigencias propias, presiones y frustraciones que los llevan a la depresión, a los excesos y, en el peor de lo casos, al suicidio. Este pasado mes de octubre, un suicidio sacudía uno de los mejores clubes de Inglaterra, el Manchester City. Medios británicos apuntaron que Jeremy Wisten, de 17 años, no se tomó bien la noticia de que el club no quería seguir contando con él y cayó en una depresión de la que salió de la peor manera. Este es uno de los muchos casos que ocurren en el mundo del fútbol y que pocas veces se muestran.

Pasar de la gloria a la desgracia en los niveles más altos está en un detalle, y para lidiar con esa presión mediática que implica dedicarse al futbol, o sobrellevar la presión social por ser diferente, se necesita ser fuerte mentalmente. Además de los problemas cotidianos. Si todo se junta en su peor ámbito, es un cúmulo de decepciones que se termina volviendo insoportable para algunos jugadores. “Ser deportista de alto nivel a veces no resulta sencillo. Parece muy bonito cuando lo vemos en la televisión, pero detrás de esas sonrisas hay mucho sufrimiento, esfuerzo y muchas horas de un duro trabajo”, comenta a este medio la psicóloga deportiva Lorena Cos. “La realidad es que no se les prepara desde sus inicios para enfrentarse a lo que todo esto significa. Nadie les enseña a gestionar el fracaso, ni les avisa de qué habrá momentos difíciles que tendrán que superar con paciencia”, añade.

Pero sus problemas no acaban solo cuando termina su carrera futbolística sino que pueden aparecer en ese momento. Se sabe mucho de los futbolistas mientras dura su carrera. Pero una vez que la carrera termina, los focos se apagan. En Inglaterra, un grupo exfutbolistas creó la Fundación XPro para abordar la problemática del retiro. Gracias a diversos estudios realizados, dicha organización llegó a una conclusión: tres de cada cinco exjugadores caen en la bancarrota en menos de cinco años. Es decir, el 60% de los futbolistas retirados dilapida sus fortunas en muy poco tiempo y el 30% se divorcia de su pareja antes de que transcurra un año del retiro deportivo. Motivos extradeportivos que también han traído desgracias.

Alarmantes cifras

El suicidio no es un tema exclusivo del futbol. También está presente en cualquier ámbito de la sociedad y las cifras de suicidios siguen siendo alarmantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene registro de que 800.000 personas se suicidan al año. Lo anterior significa que aproximadamente una persona se quita la vida cada 40 segundos. Además, la ONU estimó que por cada muerte hay 20 intentos más y solamente 38 países en todo el mundo tienen estrategias para prevenir esta situación. Además, el principal rango de edad de suicidios oscila entre los 15 y 29 años, y de cada 10 suicidios, ocho víctimas son varones.

El 38% de los jugadores anunció síntomas de depresión y el 84% manifestó que no reciben apoyo para abordar esta problemática

En el futbol, en los últimos años, se calculó una media de 60 suicidios al año entre futbolistas, y la realidad es que el porcentaje de suicidios en la élite deportiva es muy parecido al de la población normal. Por otro lado, en 2015, la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPro) reveló un estudio en el que concluía que el 38% de los jugadores en actividad informó de síntomas de depresión y el 84% manifestó que no reciben apoyo durante su carrera para abordar esta problemática.

Pero ¿por qué un futbolista puede llegar a estos extremos? La mayoría de las crisis provienen de factores psicológicos y sociales, sin embargo, en cuanto a los futbolistas se refiere, influye mucho el mundo en el que viven. “Podemos decir que el fútbol es un deporte más. Pero a la misma vez, no lo es. El aspecto que lo diferencia de la mayoría de los deportes es la repercusión que tiene. Así que, bajo mi punto de vista, sería muy interesante que trabajásemos con ellos sobre este aspecto. Son modelos de comportamiento. Todos los chicos imitan sus comportamientos. Y por desgracia, muchas veces es negativo. Conseguir que tengan conciencia de este aspecto sería positivo para nuestra sociedad”, expone Diego Segura, exfutbolista profesional y psicólogo deportivo.

La importancia de los psicólogos

La labor de un psicólogo deportivo y con conocimientos clínicos es fundamental para tratar estos problemas en el mundo del fútbol. En la actualidad, prácticamente todos los equipos profesionales cuentan con este tipo de departamentos, pero antiguamente su presencia no era tan común y eso jugaba enormemente en contra de esos jugadores que no terminaban de ver la luz. “La labor de un psicólogo deportivo consiste en enseñarle a entrenar las habilidades psicológicas necesarias, para que el deportista pueda así enfrentarse con más herramientas a todo aquello que rodea la competición deportiva y a la mejora de su rendimiento, encontrando a la vez un equilibrio emocional que le permita disfrutar de su deporte”, explica Lorena Cos. “Somos un gran apoyo que a la vez enseñaremos al futbolista a trabajar y potenciar una parte fundamental del deporte que no se ve, el cerebro”, añade.

“La figura del psicólogo del deporte puede ayudar a anticipar o detectar posibles casos. Ayudaría a intervenir en fases tempranas del cuadro depresivo, siendo mucho más eficaz el tratamiento en su inicio”, explica Segura. «Los futbolistas deben acudir a un profesional de la psicología. En muchos momentos, pensamos que podemos solucionar nuestros problemas sin ayuda de nadie, y es así. Pero en algunas ocasiones, necesitamos ayuda. Pedir ayuda es de valientes. Hay muchos profesionales capacitados para poder ayudarles», comenta Diego.

¿Qué aspectos se deberían trabajar más con un futbolista? “La autoexigencia, ya que muchas veces es el propio deportista el que se atormenta para tratar de ser el mejor”, explica Lorena Cos. “El miedo al fracaso, que en algunos casos le lleva a esconder lo que sucede. La retirada deportiva, etapa a la que tarde o temprano todo deportista llega y hay que anticiparse. La recuperación de lesiones, un duelo que te saca del ritmo de competición y para el que también hay que prepararse. Luego hay otras presiones externas, como el público, la exposición permanente a la crítica, la sobreexposición mediática… Cuando no tienes las herramientas adecuadas para enfrentarte a todos estos estímulos, surgen las complicaciones”.

“Pensamos que, al ganar mucho dinero, no tienen motivos para padecer sufrimiento. Y ya sabemos de casos de deportistas con renombre, que teóricamente tienen éxito, que han sufrido trastornos depresivos o trastornos de ansiedad. Casos como el de Jesús Navas hace muchos años, como el de Andrés Iniesta, nos enseñan que estos deportistas son humanos”, continúa Diego.

La depresión y el miedo al fracaso

Dos de los casos más sonados que acabaron de la peor manera fueron los de Robert Enke, exportero del Barcelona, y Mirko Saric, centrocampista argentino que llegó a contar con el interés del Real Madrid en su contratación. El guardameta sufría de depresión después de no destacar en el Barcelona y en el Fenerbahce. Posteriormente, el fallecimiento de su hija de solo dos años en 2006 empeoró su estado. Aun así, en 2008 alcanzó su mejor momento futbolístico llegando a disputar la Eurocopa, y era el favorito de Joachim Low para ser titular en el Mundial de 2010. Sin embargo, su crecimiento en lo deportivo no iba parejo en el ámbito privado. En 2009, se arrojó a las vías de un tren en movimiento en Neustadt am Rübenberge, en las cercanías de la ciudad de Hanóver. Su último club, Hannover 96, con la mujer de Enke, creó una fundación con su nombre ocupada principalmente de la salud mental de los jugadores.

La pregunta en estos casos es, ¿por qué? Quizá, de haber dado el paso de anunciarlo y buscar ayuda profesional, hoy seguiría vivo. Eso nunca se sabe. Pero Enke siempre intentó que sus problemas clínicos no fueran conocidos por la opinión pública, un error. Sin embargo anunciar en la élite que se padece una depresión no es fácil. «Normalizar la figura del psicólogo deportivo en el ámbito del deporte de base ayudaría a generar una cultura deportiva donde el trabajo psicológico estuviera presente desde edades tempranas. Este trabajo ayudaría a prevenir muchos casos», comenta Diego Segura.

«Hemos diseñado un retrato robot del deportista, que no se adapta para nada a la realidad, pero al que todos ellos quieren representar: tiene que ser fuerte, invulnerable, ganador, seguro, confiado, valiente… Así que, cuando uno se siente mal, acaba no pidiendo ayuda, ya que todavía muchos lo interpretan como una señal de debilidad, y es entonces cuando optan por el silencio», confiesa Lorena Cos. «Por otro lado, en muchos casos, el entorno suele darse cuenta de que algo no va bien, porque se empiezan a comportar de manera diferente. Aquí, todos los que trabajamos o estamos cerca de deportistas deberíamos de prestar mucha atención a los cambios y darles la importancia que merecen».

El caso de Mirko Saric, por su parte, cambió todo en Argentina. El centrocampista, de 21 años, se quitó la vida en su casa cuando era una de las grandes promesas de San Lorenzo. Sufría de depresión por una grave lesión en los ligamentos, fue encontrado muerto el 4 de abril de 2000 ahorcado con una sábana. El año anterior, se especulaba con que el Real Madrid estaba dispuesto a pagar 10 millones de dólares por él, pero San Lorenzo pedía 13 y la operación se cayó. El caso de depresión del centrocampista provocó el crecimiento del apoyo psicológico y el rol de la psicología deportiva en los clubes de su país, que lentamente empezaron a incorporarlo. Hoy en día, el San Lorenzo cuenta con dos responsables en esta área como muestra clara de la importancia en estos casos. «Un psicólogo deportivo es capaz de anticipar y detectar posibles casos relacionados con la salud mental de los deportistas», comenta Diego. De ahí su importancia hoy en día.

Hay otros jugadores también de sobra conocidos, como los de Adebayor, Mammana o el caso de ansiedad de Bojan, por la presión de contar con el cartel, a sus solo 17 años, de ser ‘el nuevo Messi’ o ‘el nuevo Raúl’ . Todos ellos han podido salir gracias a un factor común. El apoyo de la gente cercana.

«En Metz, me pagaban unas 3.000 libras al mes y mi familia me pidió una casa que costaba medio millón. Además, el club estaba cansado de mí por mi comportamiento. Una noche me senté en mi cama y pensé: ‘¿Qué estoy haciendo aquí?, nadie está contento conmigo, así que, ¿para que seguir viviendo?», pensaba el delantero de Togo. Entonces, bajó a una farmacia cercana a su casa para comprar pastillas y provocarse una sobredosis que acabara con su vida. «Había una farmacia debajo de mi apartamento. Pedí bastantes paquetes de pastillas. Tantos, que no querían vendérmelos, pero les dije que eran para una obra benéfica en Togo. Lo preparé todo. Estaba listo, pero llamé a mi mejor amigo a media noche. Me tranquilizó. Me dijo que tenía cosas por las que vivir. ‘Tienes el potencial para cambiar África’. En ese momento, consiguió quitarme la idea. Pensé que Dios debía estar guardando algo bueno para mí», confesó el delantero.

Si a Adebayor le pudo ayudar su mejor amigo, en el caso de Emanuel Hernán Mammana, fueron su propio equipo, River Plate, y su familia. «Sentí ganas de acabar con todo después del fallecimiento de mi padre, ya había perdido a mi mamá… Pensé en dejar el fútbol, incluso pensé en la locura de suicidarme. Lo quise hacer dos veces. Fue muy difícil, muy difícil. Fueron dos o tres meses que me costaron muchísimo. Pero, pese al dolor, pude ir saliendo», explicaba el central argentino, que ahora juega en la liga rusa. “River me ayudó mucho. Me di cuenta de que en casa habían luchado tanto para que yo llegara que no podía tirar todo por esa tristeza. Tenía que cumplir el sueño de mi papá: él quería que llegara a Primera. Me apoyé en mis afectos y en River. De a poco, con toda esa ayuda, comprendí que tenía que darle para adelante y cumplir mis sueños. Por mí y por mi papá», añadió.

Dos casos que muestran con claridad la importancia de comunicar los problemas y apoyarse en la gente cercana que te quiere. “El apoyo, la comprensión y la empatía, tanto de la familia como del propio equipo, ayudarán a que el deportista se sienta acompañado», comenta Lorena Cos. Una idea que también defiende Diego Segura. «El entorno del deportista es muy importante. Es muy interesante conseguir que el propio deportista se sienta comprendido. Hay que tener paciencia y mostrar apoyo en estos duros momentos. Están acostumbrados a tener fecha de vuelta a los entrenamientos, pero al respecto de la recuperación de problemas psicológicos, no existe. La incertidumbre y la desesperación están presentes».

La vulnerabilidad de los más jóvenes

Estos casos han tenido mucha repercusión mediática, pero en ámbitos menos profesionales suceden estas historias a diario, tal y como ocurría con el joven jugador del City, o incluso en un nivel mucho más inferior. La depresión y el suicidio no afectan solo a los futbolistas profesionales. Los más jóvenes, que luchan por convertirse en estrellas del fútbol, son quizá los más vulnerables con el fracaso en sus altas aspiraciones. En estos casos, la educación es fundamental.

“La realidad es que no se les prepara desde sus inicios para enfrentarse a lo que todo esto significa. Nadie les enseña a gestionar el fracaso, ni les avisa de qué habrá momentos difíciles que tendrán que saber superar. Cuando todo sale como se espera, perfecto, ningún problema. Pero cuando algo falla y no tienen herramientas suficientes y una personalidad fuerte que les ayude, todo se debilita y es entonces cuando pueden sufrir”, explica Lorena.

No se les prepara desde sus inicios para enfrentarse a lo que todo esto significa

Diego Segura también ha vivido algunos de estos episodios. De cómo un chico que apunta a lograr grandes cosas en el fútbol pasa a ver cómo todo se apaga de un año a otro. «Recuerdo todos mis casos de chicos jóvenes que pasan por esto. Pero en especial, un chico de 15 años. Jugador que destaca en todas las categorías, llegando incluso a ser seleccionado por la selección nacional. De un año para otro, deja de destacar y de ser decisivo. Baja su rendimiento, incluso juega pocos minutos. Empieza a tener lesiones musculares. Al iniciar su primer año juvenil, el chico empieza a faltar a todos los entrenos. Este jugador desarrolló un trastorno depresivo, llegando a dejar la práctica deportiva. El manejo de expectativas es crucial para el buen desarrollo de todos nuestros deportistas».

¿A qué edad un niño podría empezar a decidir por sí mismo para continuar con su pasión deportiva con el objetivo de llegar a la élite? «El niño siempre debe disfrutar», dice Diego. «Creo que en categoría Infantil [12 o 13 años], debemos incorporar el trabajo psicológico relacionado con el rendimiento. Incluir situaciones estresantes de manera gradual ayudaría al desarrollo psicológico de los deportistas. En la etapa cadete [14 o 15 años], los deportistas dan un paso más en su desarrollo. Creo que esta etapa es fundamental, todavía están en etapa de desarrollo físico, y esta marca una gran diferencia de rendimiento. No es hasta la etapa juvenil donde las fuerzas se igualan y es donde podemos entender qué rendimiento puede tener ese futbolista. Por eso, ajustar las expectativas a edades tempranas es muy importante», señala.

«He tenido casos de niños que no disfrutan con su deporte y siguen en él por miedo a que sus padres los rechacen. Niños que se matan por mejorar algo que les cuesta, con tal de tener una aprobación de la familia. O niños que simplemente se presionan para dar lo mejor, con tan solo no recibir la bronca de su padre al acabar el partido», cuenta Lorena. «Los niños son niños, ellos llevan sus ritmos, ellos son los que deben decidir si se quieren implicar a ese nivel. Los padres tienen que ser padres, tienen que acompañar, apoyar y arropar. Fin».

El suicidio en el fútbol siempre ha sido un tema tabú, que por suerte ha ido ganando visibilidad en los últimos años para tratarse sin ningún problema. Las experiencias pasadas de futbolistas y la gran labor de los psicólogos juegan un papel fundamental en evitar estos casos, tanto para la vida deportiva como para cualquier persona que esté pasando por malos momentos y piense que el suicidio es la única vía de escape. La realidad es que siempre hay otra vía, aunque sea difícil de encontrar.

Articulo Original:

https://www.elconfidencial.com/deportes/futbol/2020-11-10/futbol-suicidio-futbolistas-dinero-depresion-ansiedad_2824288/

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