La palabra trauma procede del griego τραῦμα (herida), y al hablar de ella nos referimos a una herida psicológica que puede ser provocada por distintas situaciones. La gravedad de esta herida no está relacionada con la causa que la ha provocado, sino más bien con la interpretación e integración que la persona ha hecho de ésta; el efecto nocivo que esta interpretación deja en el presente.

Hay personas que tras un evento traumático sienten que están en continuo peligro, o reviven mentalmente lo que ocurrió con frecuencia, y sienten un gran malestar parecido a cómo se sintieron cuando ocurrió la situación. A veces, las personas tienen sueños angustiosos con contenido relacionado con el suceso traumático. En otras ocasiones, la situación traumática provocó en nosotros un cambio en el modo en que nos vemos/sentimos/vemos el mundo/vemos a los demás (el mundo -o parte de éste- se convierte en un lugar hostil) y con frecuencia este cambio en el modo de vernos nos afecta negativamente; nos hace sentir que no valemos, que no podemos, que no somos capaces, que no somos merecedores…

Estas creencias limitantes generan en nosotros intensos sentimientos de malestar y nos limitan a la hora de vivir nuevas experiencias, alejándonos de la realidad y no permitiendo obtener nueva información acerca de nuestra propia evolución o de las nuevas situaciones que ocurren en la vida.

¿Qué ocurriría si un niño pequeño que acaba de comenzar a andar, decidiera dejar de hacerlo tras una caída porque piensa de sí mismo que no va a ser capaz jamás? Probablemente veamos claro en este caso cómo ese niño está sacando conclusiones generales de un hecho específico (además, natural), y estas conclusiones están afectando a la visión que tiene de sí mismo. En ocasiones, nuestra mente utiliza este mismo recurso; generaliza. Quizás en un momento no pudimos, no fuimos capaces, nos equivocamos, permitimos que otros se equivocaran…, pero eso no significa que deba seguir siendo así.

Algo que ocurre con frecuencia es que la mente se queda “enredada” en pensamientos sobre situaciones reales o imaginarias que ocurrieron en el pasado, o que podrían ocurrir en el futuro. Es como si nuestra mente intentara solucionar algo que ocurrió, o anticiparse buscando posibles soluciones a algo futuro, intentando encajar el recuerdo de alguna manera en la que no salgamos perjudicados al pensar en él. Cuando vivimos mentalmente en estos dos estados -pasado o futuro-, el presente pasa casi (o totalmente) inadvertido, nos perdemos los matices de lo que está ocurriendo hoy.

Si nos quedamos atascados en una idea que necesita de una solución urgente, sería útil pensar en que nuestra mente deba darle vueltas una y otra vez para sacar una conclusión. La paradoja es que pensaremos de manera más lógica y racional cuanto menos enroscados estemos en la idea, cuanto más podamos distanciarnos del malestar que nos genera pensar en ella.

En otras ocasiones, el concepto sobre el que damos vueltas ni siquiera es susceptible de solución, simplemente es algo que ocurrió y nos ha dejado una sensación desagradable. En estos casos, especialmente, pensar en ello sin parar no nos ayudará a salir de ese malestar.

Una de las herramientas de la que podemos hacer uso para contrarrestar esta “trampa mental” es la atención plena que consiste en permitir que nuestra mente se mueva en un espacio presente, aquí y ahora. ¿Cómo podemos lograr que la mente viva aquí y ahora? Lo primero que debemos hacer es enfocar nuestra atención a algo presente sin sentenciarlo, es decir, sin intentar que sea de otra manera, simplemente aceptándolo y convirtiéndonos en observadores de ello. Enfocarnos en nuestra respiración, en lo que estamos viendo, oyendo, oliendo, o sintiendo corporalmente ahora mismo, son sólo unos ejemplos.

Cuanto más entrenemos esta capacidad para estar mentalmente en el presente, más fácil nos resultará poder dirigir nuestra atención conscientemente hacia los estímulos que deseemos, más autocontrol sentiremos, y más podremos vivir las situaciones sin sentirnos inmersos en emociones abrumadoras que en algunos casos dificultan que pensemos racionalmente.

Otra herramienta que puede ser útil para enfrentarnos a las situaciones que nos limitan, es confrontar la evitación experiencial, mecanismo que nos permite evitar toda situación que se parece (o nos recuerda) a la original que nos causó el malestar. Este mecanismo natural puede resultar útil un tiempo; si acaban de robarnos mientras paseábamos por una calle, de noche, puede resultar útil dejar de pasar por este lugar, ya que así evitaremos sentir ansiedad, miedo, o malestar en general. Pero en realidad, el evitar pasar por este lugar supone reevaluar el lugar como peligroso. ¿Es el lugar realmente peligroso, o fue aquella situación concreta que ocurrió? Cada vez que estemos cerca del sitio sentiremos malestar, nos recordará a lo que sucedió y puede que esta sensación comience a generalizarse a otros lugares que nos recuerden al original. El evitar volver a pasar por este lugar supone negarnos a la experiencia de darnos cuenta de que probablemente no ocurra lo que tanto tememos, o al menos, nosotros no seremos los mismos.

El EMDR es uno de los enfoques terapéuticos que se utilizan en nuestro centro para trabajar situaciones traumáticas, creencias limitantes, y sensaciones de malestar. Esta técnica funciona exponiéndonos en imaginación al recuerdo que nos genera malestar, acompañándolo de movimientos sacádicos oculares (rápidos y rítmicos) que ayudan a que se genere una reducción de la activación y una disminución de la sensación de malestar ante el recuerdo. Esto semeja los movimientos naturales automáticos e involuntarios que realizan los ojos durante la fase de sueño REM, y mediante la cual ambos hemisferios cerebrales se activan alternamente, eliminando la sobrecarga o patrones anómalos de información, y permitiendo que los sistemas de memoria cerebrales funcionen de manera ordenada.

En ISANEP contamos con profesionales ampliamente formados y especializados en enfoques terapéuticos dirigidos a trabajar situaciones pasadas, presentes y futuras que nos generan malestar. Si estás sufriendo alguno de estos síntomas, contacta con nosotros y te ayudaremos a sentirte mejor.

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