Comprende por qué algunos sonidos te producen tanto malestar

Hay muchas personas a las que determinados ruidos, como escuchar a otro masticando o ciertos sonidos de la boca, les suponen una molestia intensa. Esto es lo que se conoce como misofonía, una hipersensibilidad a ciertos sonidos específicos que producen los demás, los cuales generan un gran abanico de emociones y sensaciones desagradables, según su intensidad: molestia, ansiedad, estrés, ira, agresividad, miedo e incluso crisis de pánico. Por lo general, se produce por actividades como el comer, sorber, masticar chicle, sonidos de la boca o nariz, etc.

Al parecer no se trata de una fobia, cuyo origen es psicológico, sino que hablamos de una condición neurológica que suele aparecer al final de la infancia y se va agravando con el tiempo. No es que no toleren los ruidos porque sus vías auditivas sean más sensibles que los de la población en general, sino que en su cerebro los sonidos que aparentemente serían neutrales desencadenan esa desagradable reacción en el organismo. No obstante no se conoce aún su causa, pues aún se tiene muy poca información sobre este problema.

El gran malestar psicológico y físico que acarrea genera conductas encaminadas a la evitación de las situaciones donde saben se verán expuestos a estos estímulos, llegando a limitarse oportunidades sociales e incluso familiares. De verse obligados a enfrentarse durante un tiempo continuado puede acabar en grandes accesos de ira, lo cual también desestabiliza el clima familiar y social.

Síntomas de la misofonía:

  • Sientes desagrado, irritabilidad, incomodidad, ira, enfado, pánico, temor…
  • Ganas irrefrenables de alejarte de la fuente del sonido.
  • Conductas agresivas hacia la persona que lo produce, rabia, ira.
  • Taquicardia, sudor frío, inquietud.
  • Ataques de pánico.

Disparadores más frecuentes de la misofonía:

  • Sonidos al comer o masticar, sonidos de la boca, comer chicle, sonidos de la saliva, etc.
  • Carraspeos, tos, bostezos, estornudos, etc.
  • Sonidos de la nariz.
  • Sonidos de cubiertos y platos.
  • Sonidos producidos mientras se habla, o incluso determinadas voces.
  • Sonidos ambientales como escribir en el teclado del ordenador o el clic del ratón, el sonido de pasar páginas de un libro o periódico, sonidos de bolsas de supermercado, alarmas de coches, el tic tac de un reloj, el ruido del electrodomésticos, etc.
  • Estímulos visuales: aunque no se perciba sonido alguno, solo con ver por ejemplo a alguien haciendo muecas con la boca o retorciéndose el cabello produce los mismos síntomas.

Tratamientos para la misofonía:

Aún no se conocen tratamientos eficaces, pero sí determinadas terapias que ayudan a sobrellevar y mejorar el problema, como la terapia cognitivo-conductual, técnicas de control del estrés, la terapia de recapacitación del tinnitus y la hipnoterapia.

Hasta no se descubra una solución que logre que los síntomas desaparezcan, la intervención está enfocada a proporcionar estrategias de afrontamiento y conseguir que la familia, amigos y compañeros de trabajo de la persona con misofonía comprendan su problema y sepan qué hacer en cada caso.

Gracias a la ayuda psicológica puedes llegar a conseguir controlar la ansiedad que te producen esos sonidos, ir desvinculando la reacción que se genera en tu cuerpo ante esas situaciones y eliminar la asociación de emociones negativas a esos sonidos. El estilo de vida también juega un papel importante, ya que por ejemplo hacer ejercicio de forma regular y dormir adecuadamente ayudan a disminuir el estrés.

Si es tu hijo quien presenta misofonía ya habréis sufrido las consecuencias en el clima familiar, pues las constantes riñas a la hora de comer, e incluso el aislamiento que busca hacia el resto de familiares, desequilibra por completo el ambiente familiar. No dudes en consultar con un psicólogo infantil para recibir el asesoramiento adecuado y aprender a cómo ayudar a tu hijo.

Ángeles García Donas Monitora ocupacional de las terapias infantiles de ISANEP

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