La activación conductual ( en adelante AC ) es una técnica que resulta útil en aquellos casos donde los retos vitales han logrado disminuir la frecuencia de actividades agradables, que nos proporcionan refuerzo positivo, que, a veces, sin darnos cuenta nos aisla de nuestras relaciones y nos retirá a nuestro interior. Si bien la retirada ante los problemas es algo natural, pues nos permite tomar fuerza, tomarnos un tiempo y ver cómo superarlos, a veces nos enreda en una espiral de insatisfacción y baja autoestima que pueden dar como resultado algunos comportamientos depresógenos que pueden aumentar nuestro malestar.

Para Martell, Dimidjian, & Herman-Dunn (2013), a la hora de utilizar eta técnica hay que tener presente unos principios:

1.-Si cambiamos lo que hacemos podemos cambiar cómo nos sentimos.

Se trata de buscar actividades potencialmente agradables que aporte cierta motivacion externa que nos faciliten un progresivo acercamiento a aquellas actividades gratificantes que poco a poco hemos ido dejando atrás.

2.-Lo que nos viene bien en un momento, como retirarnos brevemente tras algún suceso vital que nos impacta, se puede convertir en una trampa que nos atrape y bloquee: primero olvidando las actividades gratificantes y luego resultar en aislamiento y retirada que hacen muy difícil volver a introducirlas en nuestra rutina diaria.

3.-Lo que puede ser antidepresivo o no suele estar en función de lo que antecede a la conducta de las personas y a las consecuencias posteriores correspondientes.

Es importante la participación de la persona; y hay que vigilar tanto la presencia de pensamientos rumiativos, como de sentimientos de culpa o baja autoestima, que favorecen la evitación y tiende a encerrarnos en un bucle sinsentido, que

Para analizar y poder aprovechar este principio, AC establece unos registros o tablas de monitorización, que pretenden centrar el análisis en los antecedentes y los consecuentes de las diferentes condutas, y que permitan comprobar, en cada situación, como se enlazan y relacionan las conductas con el estado de ánimo y sus consecuencias.

4.-Se prepara un plan de actividades, “de fuera a dentro”, no porque nos motiven por sí mismas, sino por el refuerzo positivo consecuente que de ellas podemos obtener. De esta forma nos planteamos objetivos de actividades no estados de ánimo. Toda actividad que ya es gratificante por sí misma nos ayuda a mejorar nuestro ánimo y a reducir los factores de estrés diario, y son buenas opciones para comenzar la AC, facilitando el proceso.

5.-Los cambios pequeños son más fáciles de conseguir, por lo que la jerarquía y gradación de las actividades es un punto importante en AC. Las expectativas irreales, o el número, o querer ir muy rapido puede complicar, e incluso impedir, que la técnica de resultados.

6.-Las actividades naturalmente reforzantes ( por sí mismas) , puede ayudarnos a mejorar nuestra implicación en actividades que probablemente terminen resultando antidepresivas; y se convierten en parte importante de AC, por ejemplo, conversar es agradable, por lo que retomar las conversaciones tras un tiempo sin ellas favorece el efecto positivo que la charla amigable nos proporciona.

Al principio no importa que el refuerzo sea natural o arbitrario, se trata de promover el cambio, el movimiento, la actividad; y una forma de empezar sería con las actividades que nos proporcionan sensaciones de placer, control y dominio con más facilidad.

7.-El terapeuta actúa como entrenador, comparte todo con la persona y siempre está ahí para ayudar, guiar, concretar planes o estrategias, etc. Debe prestar atención a la implicación del cliente, y manteniendo cierta estructura en las sesiones favorecer y promover la solución efectiva de problemas así como el aumento de las sensaciones positivas en la realización de tareas.

8.-Todo lo que resulte es útil, y en el principio aún mucho más: todo ayuda. Se trata de investigar, probar, experimentar para de forma activa y empírica; facilitando el establecimiento de posibles hipótesis que ayuden en nuestro progreso, que nos permitan ajustar las actividades a las diferentes áreas y comprobar las diferencias, los matices, y los problemas o beneficios que nos aporta; para de esta manera elegir las alternativas mejores en cada caso, y para cada persona.

9.-Hacer en vez de decir. No es un mandato, nos recomienda plantear las acciones como un: intenta, prueba, ajusta y replantea hasta que demo con la tecla y el camino se nos ponga de manifiesto. Hay que buscar y probar. Cuando el resultado es aversivo o difícil, es necesaria la colaboración para debatir de forma concreta y detallada lo que vamos haciendo entre las sesiones: ver por qué algo no funciona y tomar medidas, y cuando funciona ver cómo aumentarlo e incorporarlo en otras áreas de nuestra realidad cotidiana.

A veces, sin características placenteras, la sensación de logro o dominio es capaz de aumentar nuestra satisfacción por la tarea hecha y, así, favorecer su mantenimiento a lo largo del tiempo, contribuyendo así a sacarnos del aislamiento y la tristeza en la que a veces nos encontramos.

10.-Detectar las barreras para la actividades, requiere ser constante en los experimentos (principio 8) y debe ayudarnos a perseverar y ser más creativos en la búsqueda y puesta en práctica de alternativas barreras o interferencias que pueden surgir desde distintos ámbitos o situaciones.

Con estos principio y unas guías sobre la estructura de las sesiones para optimizar ese tiempo compartido, es necesario tener en cuenta dos cuestiones que pueden impedir cualquier proceso de AC:

La rumiación, hace referencia al hecho de darle vueltas y vueltas a los pensamientos negativos, que de por sí son depresógenos y que pueden reforzar/castigar nuestras conductas o actividades diarias, sobre todo en aquellos casos o situaciones donde las consecuencias han sido negativas y nos han afectado emocionalmente, es algo tan absorbente y pesado que está muy generalizado y repartido; todos podemos recordar haber pasado malas noches “rumiando” sucesos problemas. Centrarse sólo en los aspectos más absorbentes de los problemas, tiende a bloquearnos mentalmente y a complicarnos la búsqueda de soluciones o alternativas. Como tantas cosas, en la existencia humana, es algo connatural a nosotros (no tiene por que ser mala o negativa), pero no debería interferir con nuestro descanso, fundamental para el desarrollo de las actividades diarias.

Cuando aparece, es importante que prestemos atención a lo que siente el cuerpo, y cada una de las partes del cuerpo. Así, cuando a pesar de las dificultades logramos centrarnos en la tarea que tenemos entre manos y en “sentirnos”, podremos desvíar nuestra atención de la rumiación, según sentimos que hacemos las cosas nuestra sensación de logro, dominio, satisfacción y placer aumentan. Centrarse en la estimulación sensorial se convierte en una distracción constructiva que permite percibir lo que nos rodea con otros ojos, enriqueciendo la experiencia presente.

-La evitación, proceso natural para poner espacio, tiempo y habilidades entre los problemas y nosotros. Pero tiene una doble cara, pues evitar los problemas, y mantenernos lo más lejos posible tiende a aislarnos, no favorece la resolución efectiva de los problemas y a la larga, hace caer nuestra autoestima, llegando a veces a bloquearnos de tal manera, que incluso tengamos miedo de la más mínima situación con la que debamos tratar e intentar resolver. Descubrir las señales de la evitación y ver cómo nos puede afectar, permite que tomemos la iniciativa y lograr más control para cambiar las cosas que hacemos. Esta tendencia natural a retirarnos en los malos momentos, no podemos dejar que se convierta en “lo que siempre hacemos” , por lo que insistir con esperanza e ilusión, es algo que puede ayudarnos a superar esas conductas y las consecuencias, que al estar tristes y deprimidos, nos afectan.

Desde nuestro punto de vista, una de las claves para el éxito de la AC reside en un buen ajuste a cada persona y situaciones. Es en este punto, donde destaca sobre todo la gradación de las tareas (principio 5). Cuando una tarea resulta demasiado “grande”(aunque no lo pareciese cuando se platea), hay que dividirla en actividades más simples que, de forma progresiva, nos ayude ir dando pequeños pasos que permitan culminarla de forma satisfactoria, y luego incorporarla a nuestra rutina diaria. No es cuestión de hacerlo todo y desde ya, es más un camino de migas, que vamos recogiendo hasta llegar al final.

Es importante no sólo graduar las tareas, sino de forma muy concreta y especifica, establecer cuándo, cómo y dónde se realizarán, durante cuanto tiempo y con qué intensidad; repartidas a lo largo de las mañanas y tardes. La información obtenida gracias a los registros utilizados permitirá ajustar el proceso y al ir consiguiendo las pequeñas metas establecidas, hará que cada vez nos sintamos mejor, que seamos conscientes y observemos los cambios; de forma que podamos entender que nos ha ido pasando durante el proceso. La perseverancia, retocar o cambiar el plan y la reflexión respecto a los registros semanales, permite ir elaborar varios planes alternativos, reducir las interferencias y ampliar nuestro aprendizaje, nos ayudará a clarificar el camino y a afinar nuestras habilidades para percibir las señales implicadas, aumentar nuestros logros, mejorar nuestra satisfacción y poco a poco, volver a reintegrar en nuestra rutina diaria actividades satisfactorias que hemos perdido y, por tanto, recuperar los efectos positivos que dichas actividades nos aportan.

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