Algo que preocupa mucho a los padres que acuden a consulta son las conductas disruptivas de sus hijos, las cuales no solo implican daño físico, sino también psicológico, hacia personas del entorno del niño, como sus hermanos, padres, compañeros, etc. Estas conductas implican una descarga emocional considerable, y a menudo el niño es incapaz de controlarla una vez empieza.

Los niños que presentan estas conductas problemáticas suelen mostrar un ensalzamiento del yo, así como dificultades para establecer la empatía.

Si estas manifestaciones perduran en el tiempo pueden desembocar en un trastorno de la conducta o en un trastorno de la personalidad, de ahí su importancia para atajar el problema a tiempo.

Pero la principal diferencia entre los niños que presentan uno de estos trastornos y los que no, es que, una vez acaba la situación conflictiva, el niño que aún no ha desarrollado un trastorno de conducta o de la personalidad mostrará sentimientos reales de culpabilidad y arrepentimiento.

Algunas causas posibles por las que un niño presenta problemas de conducta son:

  • Baja tolerancia a la frustración
  • Impulsividad
  • Déficit de las funciones ejecutivas
  • Mala adaptación social, familiar o personal
  • Baja empatía
  • Baja asertividad
  • Depresión

Cuando estos problemas surgen, se mantienen en el tiempo si los padres y cuidadores cercanos del niño no resuelven adecuadamente las causas de las conductas problemáticas. También contribuye al mantenimiento de estos comportamientos el que el entorno atienda a esas conductas no adecuadas, así como un estilo educativo permisivo. Por ello, ante el inicio de problemas de esta índole, es fundamental contar con la ayuda de un especialista o psicólogo infantil para delimitar el plan de actuación y las pautas a seguir ante los nuevos brotes de estas conductas.

A continuación, y para terminar, os dejamos un listado de los principales motivos de consulta que nos llegan, para que sirvan de señales de alarma ante las cuales debes contar con el asesoramiento de un psicólogo experto en la infancia y adolescencia.

  • Dinámica de gritos: el niño ha llegado a tal punto en el que cada vez que se enfada, quiere llamar la atención, o algo no le gusta o no es lo que quiere hacer, explota mediante gritos. Sería como una forma de rabieta, la cual suele ir acompañada de desobediencia.
  • Insultos: cuando se dirigen a seres queridos y en situaciones de enfado, podemos considerarlos una agresión verbal y una falta de respeto. No entrarían en esta categoría aquellos insultos que el niño copia de otros y los dice en una situación en la que no hay enfado, o incluso “para hacer una gracia”.
  • Mentiras: el problema aparece cuando son sistemáticas y se utilizan para obtener un beneficio o librarse de algo que no les gusta.
  • Rabietas: Hasta los 3 años se consideran normales, no obstante pueden trabajarse con el fin de que no se prolonguen en el tiempo. A partir de los 3 años sí son consideradas un problema a tratar.
  • Robos: Se pueden dar en cualquier edad, pero hay que atajarlos inmediatamente para que no se mantengan en el tiempo. A veces ocurren por la intención de integrarse en un grupo, u obtener el reconocimiento de sus iguales.