Mindfulness es una manera de prestar atención, con curiosidad, amabilidad y consciencia…

…a aquello que está teniendo lugar en el presente, ya sea en nuestro mundo interno (p.ej. sensaciones corporales, emociones, imágenes, pensamientos, etc.) o en el que nos rodea.

Cuando asistimos a un curso de entrenamiento en mindfulness, practicamos diferentes ejercicios que nos ayudan a cultivar y desarrollar este tipo de atención.

 

Por lo general, comenzaremos ejercitando la atención utilizando como soporte la respiración –un soporte es aquel estímulo sobre el que posamos la atención, es decir, aquello a lo que atendemos durante la práctica de mindfulness-. Además de la respiración, se utilizan otros soportes como los sonidos externos o las sensaciones corporales. Con el tiempo, cuando el aprendiz tiene suficiente práctica, pasamos a ejercitar mindfulness usando soportes más complejos, como las emociones y los pensamientos. Así, poco a poco, la práctica y la experiencia van consolidando una manera diferente de relacionarnos con lo que sucede en el presente, aprendiendo a estar centrados en lo que estemos haciendo y reduciendo el tiempo que la cabeza está deambulando en recuerdos sobre el pasado o imaginando el futuro.

Esta experiencia práctica que hemos descrito, suele corresponderse con los ejercicios de silla o cojín. Es decir, a la hora de cultivar mindfulness, nos sentaremos en una silla o un cojín de meditación, guardando cierta inmovilidad, y manteniéndonos en el ejercicio el tiempo que nos hayamos propuesto –cinco minutos, diez, quince, etc.

Esta manera de ejercitar mindfulness es lo que llamamos práctica formal. Sin embargo, esto es solo una parte del trabajo que debemos realizar. Si lo comparamos con una práctica deportiva, como el tenis, el entrenamiento formal de mindfulness se correspondería con las horas que pasa el tenista practicando en su club deportivo.

Sin embargo, en algún momento, el tenista participa en una competición, es decir, pone en práctica aquellas habilidades que ha estado entrenando. De igual forma sucede en el caso de mindfulness. Nuestra silla o cojín son como el centro de entrenamiento en el que cultivamos esta habilidad, pero el objetivo es que pongamos en funcionamiento mindfulness en la vida diaria, en nuestra cotidianidad, y a esta manera de practicar, la llamamos práctica informal.

 

La práctica informal de mindfulness puede llevarse a cabo en cualquier momento del día.

 

Normalmente, al principio, solemos desarrollarla en actividades diarias que hacemos invariablemente, como por ejemplo, fregar los platos, cepillarnos los dientes o ducharnos. Las instrucciones que debemos seguir en estos casos son iguales que en la práctica formal, es decir, atender, por ejemplo, a las sensaciones corporales que nos producen el agua y la espuma al ducharnos, y cada vez que la atención se distraiga, darnos cuenta de la distracción y devolver la atención al ejercicio.

La idea es que, con el tiempo, nuestra habilidad para estar mindful se generalice a la mayor cantidad de situaciones de la vida. De tal manera que estemos plenamente atentos cuando hablamos con otras personas, realizamos una actividad laboral, resolvemos un problema o, simplemente, disfrutamos del contacto de la arena de la playa bajo nuestros pies.

 

También, ser capaces de notar cuándo estamos estresados o inmersos en una emoción o pensamiento doloroso, utilizando las herramientas que mindfulness nos ofrece para gestionarlos de una manera adecuada.

 

Próximamente en Alcalá de Guadaíra Curso de Iniciación a Mindfulness+ + info http://www.neuropsicologosensevilla.com/mindfulness-alcala-guadaira/

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