Pérdida paulatina y progresiva de las capacidades cognitivas superiores

Si se tuviera que definir la demencia tal y como es entendida hoy en día, se podría decir, en términos generales, que consiste en la pérdida paulatina y progresiva de las capacidades cognitivas superiores.

Pérdida de la función cognitiva

Esta pérdida de la función cognitiva está asociada, en múltiples ocasiones, al proceso natural de envejecimiento: las células cerebrales, las neuronas, van deteriorándose y disminuyendo su actividad hasta morir. Este proceso de envejecimiento y degeneración neuronal suele manifestarse en forma de alteraciones en la memoria, la atención, la capacidad de concentración, el lenguaje, la visopercepción y, por supuesto, a nivel conductual.

Sin embargo, en otras muchas ocasiones, el deterioro de la habilidad cognitiva que conocemos como demencia no puede atribuirse al mero proceso de envejecer, sino que es el resultado de una enfermedad específica.

Quizás, uno de los cuadros de demencia más conocido sea la demencia tipo Alzhéimer (DTA).

Éste es, sin duda, el cuadro demente más común en edades avanzadas (entre un 50-70% de las demencias son DTA) y, sin embargo, no es fruto del proceso de degeneración cerebral natural. Si se examinara el tejido cerebral de un sujeto afectado por DTA, se podrían encontrar dos tipos de anomalías que se consideran específicas de esta enfermedad: la acumulación de placas amiloides fuera de las células del cerebro que las daña e incluso las destruye, y la formación de ovillos neurofibrilares en el interior de las células cerebrales que hace que el transporte de nutrientes intracelular falle y, con ello, que las células mueran. Estas anomalías son únicas y propias de la DTA, es decir, no todos los cuadros dementes presentan estas alteraciones y, por lo tanto, no todas las demencias son DTA.

Si en lugar de encontrar placas amiloides y ovillos neurofibrilares, se encontraran los llamados cuerpos y células de Pick, entonces estaríamos ante un paciente con demencia tipo Pick (DTP). La DTP es mucho menos frecuente que la DTA (entre un 1-2% de las demencias son DTP), y su sintomatología muy diferente también. En ambas, encontraremos una degeneración cerebral progresiva y una afectación cada vez mayor de funciones cognitivas superiores, pero a muy diferente nivel.

En los  primeros estadios de la DTA son las alteraciones leves o moderadas de la memoria junto a otras en el lenguaje las que hacen sospechar del cuadro. Sin embargo, en la DTP, son las alteraciones en la personalidad y en el comportamiento emocional y conductual las primeras en aparecer. Y es que este cuadro demente se caracteriza por una afectación específicamente fronto-temporal, mientras que la afectación en la DTA es mucho más generalizada.

Otro de los cuadros dementes más comunes es la demencia asociada a la enfermedad de Parkinson (entre un 24-31% de los pacientes diagnosticados de enfermedad de Parkinson desarrollan un cuadro demente).

En este caso, las alteraciones en las funciones cognitivas son una de las consecuencias no motoras de la enfermedad. A diferencia de otros cuadros dementes como el Alzhéimer, la demencia asociada a Parkinson no se caracteriza especialmente por las alteraciones en la memoria y en el lenguaje, si no que las dificultades se manifiestan en los dominios de la atención, la capacidad de concentración,  las habilidades visoperceptivas y la función ejecutiva. De la misma forma que ocurría con la demencia tipo Pick (y con todas las demencias) se produce un deterioro cerebral paulatino, aunque funcionalmente muy diferente.

En otras ocasiones, no existen anomalías a nivel celular o enfermedades diagnosticadas que expliquen los síntomas, si no que la afectación cognitiva es el resultado de una interrupción del riego sanguíneo a una parte específica del cerebro, afección que se conoce como accidente cerebrovascular. Las neuronas necesitan de oxígeno y glucosa para funcionar correctamente y para sobrevivir. Estas sustancias son transportadas en el flujo sanguíneo hasta el cerebro.

Si se produce la interrupción de dicho flujo, el aporte de estas sustancias a las neuronas también se interrumpe, y éstas últimas comienzan a morir. Dependiendo de la zona en la que se produzca el cese de flujo sanguíneo y con ello, la muerte neuronal, aparecerán unos déficits cognitivos u otros. Si durante un período de tiempo prolongado se producen varios accidentes cerebrovasculares de este tipo que dan lugar a regiones cerebrales dañadas, se estará hablando de una demencia vascular (DV), que es el segundo tipo de demencia más frecuente tras la tipo Alzhéimer.

Existen otros tipos de demencia además de los aquí comentados, como la demencia de cuerpos de Lewy o la demencia por enfermedad de Huntington. Todas ellas tienen una etiología diferente que supone alteraciones cognitivas a diferente nivel. Ser capaz de diferenciar la sintomatología y, con ello, el tipo de demencia, es un aspecto necesario para el buen diagnóstico y, especialmente, para el establecimiento de una estrategia de tratamiento y rehabilitación apropiada y adaptada a la etiología y sintomatología propia de cada una de ellas.