Las técnicas de modificación de conducta tienen como objetivo cambiar el comportamiento del sujeto mediante la adquisición, mantenimiento, incremento, disminución o eliminación de conductas deseadas y/o no deseadas.

Las técnicas de modificación de conducta son muchas y muy variadas, pero hoy vamos a centrarnos en un pequeño grupo de ellas que se basan en los principios de las teorías del aprendizaje. Pero para poder entender cómo funcionan, primero es necesario tener claros algunos conceptos básicos.

El primero de ellos es que, toda conducta que realiza un sujeto está, por una parte,  precedida por un estímulo que la provoca (estímulo antecedente) y, por otra, tiene un efecto sobre el ambiente (consecuencia).

Por ejemplo, supongamos un niño de unos 3 años, que entra con su padre en una tienda de juguetes, y se encapricha de un camión de bomberos. El niño, se acerca a su padre y le pide que se lo compre, a lo que éste último responde rotundamente que no. En este caso, el estímulo antecedente ha sido el camión de bomberos (estímulo antecedente externo) o el deseo de tenerlo (estímulo antecedente interno), el que ha provocado la conducta del niño de pedir a su padre que se lo compre. En este caso, la consecuencia de la conducta del niño no ha sido la esperada por él: la negativa del padre a comprárselo. Como esta estrategia no le ha funcionado, decide buscar otra para conseguir el camión de bomberos, así que se tira al suelo, empieza a patalear tirando algunas de las cosas de las estanterías, mientras llora y grita con ganas. Tras intentar calmarlo y no conseguirlo, y deseoso de acabar con el escándalo, el padre le compra el camión de bomberos.

¿Qué ha aprendido aquí el niño? Hay dos respuestas posibles, elija la que crea correcta:

  1. Que debe pedir las cosas con educación y comprender que ya tiene muchos camiones de bomberos y que no necesita otro.
  2. Que si se tira al suelo, patalea, llora y grita con ganas consigue el camión de bomberos.

Exacto, la respuesta correcta es la opción 2. Pero hay otra pregunta más importante si cabe: ¿Qué hará el niño cuando quiera otra cosa?

  1. Pedirlo con educación y no discutir ni enfadarse ante una posible negativa.
  2. Tirarse al suelo, patalear, llorar y gritar hasta conseguirlo.

Pues sí, la respuesta correcta, de nuevo, es la opción 2. ¿Por qué? Porque el niño se comporta en función de su historia de aprendizaje y, uno de sus aprendizajes recientes ha sido, precisamente, que tirarse al suelo, patalear, llorar y gritar es una forma muy efectiva de conseguir lo que quiere.

Si lo analizamos bien, la elección de la conducta del sujeto es el resultado de las consecuencias que dicha conducta tuvo en el pasado: en el pasado, pedir algo que quiere con educación tuvo como consecuencia no conseguir el camión de bomberos pero, sin embargo, tirarse al suelo, patalear, llorar y gritar tuvo como consecuencia conseguir el camión de bomberos. Son las consecuencias de la conducta las que hacen que la conducta se vuelva a repetir en el futuro. Dicho de otra manera: las conductas que tienen una consecuencia positiva tienden a repetirse y, por el contrario, las conductas que tienen una consecuencia negativa tienden a disminuir o incluso a desaparecer.Siguiendo esta lógica, si controlamos las consecuencias de una conducta, controlamos la probabilidad de que esa conducta se emita. Y este es el principio básico de las técnicas operantes de modificación de conducta. Éstas técnicas son tremendamente eficaces para la adquisición, incremento y mantenimiento de conductas deseadas, y disminución y eliminación de conductas no deseadas.

Existen diferentes técnicas y, en ocasiones, nos resulta difícil saber cuál tenemos que  aplicar en cada ocasión o incluso distinguir unas de otras. Por ello, es necesario, primero,  tener muy claros los siguientes términos:

  • Estímulo apetitivo/reforzador: estímulo que aumenta la probabilidad de emitir una conducta.
  • Estímulo aversivo/castigo: estímulo que disminuye la probabilidad de emitir una conducta.
  • Positivo: presentación de un estímulo.
  • Negativo: retirada de un estímulo.

Una vez aclarados estos términos, resulta mucho más sencillo distinguir las diferentes técnicas operantes:

  1. Reforzamiento positivo: Técnica que aumenta la probabilidad de emitir una conducta mediante la presentación, tras la emisión de la misma, de un estímulo apetitivo o reforzador.

Ejemplo: “Como has acabado todos los deberes, vamos a ir un rato al parque”.

En este caso, nuestro objetivo es que la conducta “acabar los deberes” aumente, la reforzamos positivamente presentado, tras su emisión, un reforzador, que suele ser un estímulo gratificante o deseado por el niño. De esta forma el niño aprende que, acabando los deberes, puede obtener una consecuencia apetitiva.

  1. Reforzamiento negativo: Técnica que aumenta la probabilidad de emitir una conducta mediante la retirada, tras la emisión de la misma, de un estímulo aversivo.

Ejemplo: “Como has acabado todos los deberes, no tienes que fregar los platos”.

Aquí, también queremos que la conducta “acabar los deberes” aumente  pero, en lugar de presentar un estímulo reforzador, tras su emisión retiramos un estímulo aversivo. Así, el niño aprende que, acabando los deberes, puede “librarse” de fregar los platos, que es una actividad aversiva para él.

  1. Castigo positivo: Técnica que disminuye la probabilidad de emitir una conducta mediante la presentación, tras la emisión de la misma, de un estímulo aversivo.

Ejemplo: “Como no has acabado los deberes,  tienes que fregar los platos”.

Esta vez, nuestro objetivo es disminuir (o eliminar) una conducta no deseada, en este caso “no acabar los deberes”. Para conseguirlo, presentamos un estímulo aversivo (fregar los platos) tras la emisión de la conducta, por lo que la probabilidad de emisión de dicha conducta en el futuro disminuirá.

  1. Castigo negativo: Técnica que disminuye la probabilidad de emitir una conducta mediante la retirada, tras la emisión de la misma, de un estímulo apetitivo o reforzador.

Ejemplo: “Como no has acabado los deberes, no vamos a ir al parque”.

Aquí, también queremos disminuir (o eliminar) la conducta no deseada “no acabar los deberes” pero, en este caso, en lugar de presentar un estímulo aversivo tras la emisión de la conducta, lo que hacemos es retirar un estímulo reforzador, en este caso, ir al parque.

Ahora, volviendo al ejemplo del principio, podemos entender mejor qué es lo que ha pasado:

  • La conducta de “pedir las cosas con educación” ha sido castigada negativamente, es decir, al emitirse, se ha retirado un estímulo reforzador (el camión de bomberos), por lo que ha disminuido la probabilidad de que esa conducta vuelva a emitirse.
  • La conducta “tirarse al suelo, patalear, llorar y gritar” ha sido reforzada positivamente, es decir, al emitirse, se ha presentado un estímulo reforzador (el camión de bomberos), por lo que ha aumentado la probabilidad de que esa conducta vuelva a emitirse.

Existe otra técnica operante que funciona con otro mecanismo: la extinción. Esta técnica consiste en la retirada de un estímulo reforzador tras la emisión de una conducta previamente reforzada. La extinción suele aplicarse a conductas no deseadas que están bastante arraigadas en el repertorio conductual del niño.  Siguiendo con el ejemplo, estaríamos aplicando extinción si, la próxima vez que el niño quiera algo y se tire al suelo, patalee, llore y grite, lo ignoramos, de forma que esta conducta no es reforzada, ni siquiera con nuestra atención. De esta forma, tras varios “episodios”, conseguiremos obligar al niño a buscar una estrategia diferente para obtener el reforzador, o lo que es lo mismo, a emitir otra conducta para conseguir lo que quiere. Lo ideal sería que, si la nueva conducta tampoco es deseada, seguir aplicando extinción; mientras que si la nueva conducta es deseada, la reforzaremos positivamente, para aumentar la probabilidad de que vuelva a emitirse.

Saber qué técnica operante aplicar, en qué momento, situación y ante qué conductas, no es tarea fácil. En muchas ocasiones, corremos el riesgo de castigar conductas deseadas, y reforzar conductas no deseadas. Por todo ello, en la aplicación de las técnicas operantes de modificación de conducta, es necesario contar con el asesoramiento de un profesional de la psicología, que nos ayudará en la creación y planificación de un programa de modificación de conducta eficaz y eficiente, y nos formará en la correcta administración de las distintas técnicas.

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